miércoles, 26 de marzo de 2014

LA HUELGA DOCENTE Y EL SHOW DE LA PAVADA


"¿Un caso de gatillo fácil no compromete a toda la policía, pero un boludo tira una piedra y compromete a todos los docentes? ¿Cómo es?"
Publiqué este tuit casi sin pensar, y después, sí, pensé. Y averigüé. No era un docente el agresor, sino un chico de la zona, con serios disturbios emocionales. Otra víctima de la inclusión, por así decirlo. Los esbirros del gobernador bonaerense se cuidan de mencionarlo, prefieren hablar de "la agresión de los docentes".
El paro de esta vez no es como otros. Baradel, a la derecha en la foto, a la izquierda de la presidente, tuvo que cambiar.
Desde la última negociación que encabezó perdió una docena de seccionales, entre ellas La Matanza. Las bases empujan, y no le queda más remedio que endurecer su postura.
¿Qué pasa, en tanto, con los medios? Veo en un programa a un padre y dos maestras/docentes convocados para opinar sobre el tema. Se dan los datos, pero se omite que una de las mujeres es ultraoficialista -único modo perceptible de ser oficialista- y trabaja para el gobierno. Esto no descalificaría su opinión, y sin embargo no lo aclaran. Impone su voz al resto, interrumpe, hace gestos y nos revela que todo está bien. Le faltó decir que se come con 6 pesos, tal vez porque hoy serían 8. Más o menos un dólar, bah.
Hay una marcha docente, a la plaza de Mayo. En ningún canal hay imágenes o comentarios sobre el tema. Se habla del avión perdido en Malasia, una y mil veces. Otro tanto del jugador de Independiente acusado de violación. Haydeé Padilla y su "adopción" ilegal. Terminan y empiezan de nuevo, alternando los rubros. Algún canal más dicharachero reitera con tremendismo las pelotudeces de todos los días, Maradona esto, la vedetonga de turno lo otro, qué barbaridad, hoy nos visita don Nadie, ponete esto en la cabeza que los piojos no joden más. Ninguno gana menos de treinta lucas, pero opinan que los maestros tienen que agarrar lo que les den YA. La diferencia con los legisladores es que estos embolsan cincuenta, se aumentan el sueldo cada vez que pueden.
De cada 20 padres que opinan en la TV -eso sí se ve, la marcha no- 19 dicen que los maestros feo caca. Uno, en la calle, ve y escucha otras proporciones. Una señora que maneja un transporte escolar, con explicable angustia, no sabe cómo pagar sus cuentas ya que no trabaja desde diciembre. Le pide una solución a los docentes. Abundan los padres minimalistas que se limitan a "así no podemos seguir". Algunos reconocen la precariedad del salario en disputa pero piden que cese la medida "porque ya no sabemos qué hacer con los chicos".
Los hay que defenestran el paro, porque "se aprovechan, no van a trabajar, abusan de las licencias, se la pasan fumando". ¡Claro que es cierto, que hay docentes vagos y mal entretenidos! Pero hay muchos más policías corruptos que maestros vagos, y a nadie se le ocurriría meter presos a todos los policías.
¿Y entonces qué?, pregunta cada figurín al periodista y a los maestros, al conductor y a los maestros, a la vedette y a los maestros
"Tendrían que sacar los cursos a la calle, dar clase en las veredas rodeando las casas de los responsables", me digo. Pero tantos chicos en la calle… sería una locura, considerando que hace rato que la inseguridad dejó de ser una sensación. Los padres deberían acompañarlos, y por ende faltar al trabajo. El paro sería mucho más general. Claro que, también, la respuesta del gobierno sería otra.
Resultan inexplicabes frases como "el reclamo es justo, pero la huelga tiene que terminar", priorizando las intenciones del gobierno a la justicia. Posiblemente nazcan de un país devastado por la competencia feroz para sobrevivir, mientras funcionarios que pesan sus millones se atrincheran en los barrios más ricos.
En el interín me entero de que el pan aumentó 80%.
Ya estoy viejo, permítaseme la ilusión de un anarquista. Si los padres -los trabajadores- se sumaran a los maestros en el reclamo de lo que es justo, si LOS MEDIOS fueran vehículos de información y no empresas corporativas que tampoco te quieren educado, si cada argentino saliera en defensa de lo que es justo cada vez que a alguien le meten la mano en el bolsillo hasta que siente que se la están metiendo en otro lado, este país sería otra cosa. Con cualquier gobierno. De ahí que fomenten tanto, unos y otros, lo de K y anti-K. Tampoco nos quieren unidos. Y mucho menos organizados.
Para terminar, la frase con la que siempre cierran las discusiones: "no hay plata".
Olvidate -pero no te olvides- de los 1.400 palos del Fútbol Para Todos, de los salarios asombrosos de los lacayos, de los subsidios a los ricos y a la enseñanza privada. Averiguá cuánto cuesta UN SEGUNDO en televisión. Aquí podrás ver en qué se fue "invirtiendo" la plata que, una vez terminada la extorsión policial, hoy falta para los que tienen que educar a los pibes en escuelas hechas tan bosta como la educación pública:

Tuqui, desde Buenos Aires

viernes, 4 de diciembre de 2009

PRÓXIMOS ARTÍCULOS

Propongan temas en los comentarios a esta entrada y veré que puedo hacer al respecto

martes, 1 de diciembre de 2009

El Pecado, la virtud

Hace poco, una más que popular conductora televisiva, un verdadero prócer femenino del orticón, mostró públicamente su indignación ante la inseguridad controlada –y quiero decir específicamente controlada- que nos azota por estos tiempos. Una de las frases que empleó fue “¿Acaso la riqueza es un pecado?”.

Nadie tuvo el tino de responderle “Sí, señora. Efectivamente”. Hasta el punto de que “antes pasará un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos”. El Corán dice más o menos lo mismo de los malvados.

No por esto debemos suponer que los ricos son malvados. Algunos son buena gente que heredó y se volvió malvada cuando la codicia (feo pecado) la impulsó a quedarse con lo que le sobraba.

El robo y la violencia nacidos de la codicia se terminan cuando nadie tiene ofensivamente más que otro.

Pero para llegar a eso hay una enorme tarea por hacer.

Primero, dejar de fabricar niños. La casta de parásitos que, desde que tengo memoria salvo honrosas excepciones, nos dirige1, no sólo está gestando una masa de ignorantes para perpetuarse en el poder. Están favoreciendo el nacimiento de niños para después, lisa y llanamente, matarlos.

Los mata excluyéndolos de la educación y del trabajo, los mata privándolos de un servicio de salud; los mata con la ley, los mata con el paco, o con el simple botellazo en la cabeza de vecino a vecino.

Los mata corporativamente, con radios y diarios y canales que son para la gente pero no están al servicio de la gente.

Segundo, empezar a cuidar el entorno. No sólo en lo ecológico. También recuperando la amabilidad, la solidaridad, el sentido de equidad que lleva a la decisión justa.

Tercero, hacer el supremo esfuerzo de entender que esta civilización, con su democracia, sus multinacionales, su exterminio de los recursos energéticos, sus diferencias de lenguaje y –sobre todo- con un sistema monetarista que se sostiene en nada2 y cuyos intereses se “cubren” emitiendo más papelitos que no valen ni su peso en papel, con la imagen de gente que siempre tiene cara de culo, NO SIRVE MÁS.

Usted, yo, la silla en la que usted está sentado y la computadora con la que escribo… todo está hecho de átomos idénticos y de iguales elementos. Somos uno con el Universo, y por lo tanto duraremos lo que éste dure. No necesitamos adorar mesías solares ni creer en monoteísmos plagados de misterios trípticos, querubines, serafines, ángeles, arcángeles, santos, vírgenes y toda una parafernalia curiosamente… politeísta.

No hay espacio para extenderse, y seguramente usted propondrá unos pasos distintos de los míos.

Lo importante es que, de una vez por todas, los millones y millones de personas que sabemos de la mugre, la corrupción, la impunidad, la prepotencia, el descaro, la diabólica perversión de los dueños de la torta y la imperiosa necesidad de cambiar empecemos a movernos.

Como dijo Burke,

LO ÚNICO QUE SE NECESITA PARA QUE TRIUNFE EL MAL ES QUE LOS BUENOS NO HAGAN NADA.

Tuqui, desde Mercedes (Bs. As.)

  1. Que no se interprete que me refiero al gobierno nacional; por lo menos, no solamente a ellos: está la familia real de Inglaterra, los reyes de España… parásitos hay por todo el mundo, y no todos trabajan para la iglesia; robar sin desparpajo, eso sí, parece ser una costumbre europea.
  2. Antes hubo un patrón oro, antes los billetes decían “el Banco Central de la República Argentina pagará al portador y a la vista…”. ¿Qué es ahora un peso? ¿Qué es un billete? ¿Qué es un Banco Central? La respuesta a estas preguntas podría sorprenderlo.

jueves, 19 de noviembre de 2009

FUERA DE PROGRAMA

La vida te da sorpresas. Parece que voy a trabajar en teatro este verano. Ya les contaré.
Creo necesario explicar un par de circunstancias a quienes tienen la deferencia de tomarse el tiempo que lleva leer este blog.
No participo -aunque podría por accidente estar registrado- de Sonico ni Baloo ni HI5 ni NINGUNA de esas redes. Especialmente, NO USO FACEBOOK.
Allí hay quien pretende ser yo. Flaco favor al ego. Sería mucho más satisfactorio fingirse George Clooney.
Pone en mi boca (o en mi teclado) frases como "Hoy no da para bañarse", desconociendo el principio básico: NUNCA da para bañarse. A veces, claro, no queda más remedio por respeto a los demás.
Por otra parte, modero ahora los comentarios en este blog. No por censura, sino porque muchos son estrictamente personales o tienen que ver con sucesos ajenos a los que comento en las notas.
Finalmente, estoy tratando de decidir sobre qué escribir.
Después falta la parte de buscar voluntad para salir de la posición horizontal, pero ése es otro tema.
Hasta pronto.


Tuqui, desde el taller de Walter, en Martelli (Bs. As.)

viernes, 18 de septiembre de 2009

El pasado, el porvenir

Un día nos enteramos, con horror, de la existencia de la Marea Roja: Una proliferación desmesurada de ciertas microalgas llegaban hasta nosotros en forma de toxinas amnésicas, paralizantes, etc., a través de organismos comestibles, especialmente moluscos como el mejillón o la almeja. La humandad podía quedar diezmada... Tuvimos suerte, no pasó nada demasiado grave para el género humano. Lo que no consigo recordar es qué casos de corrupción, qué negociados, que abusos de poder se llevaban a cabo por entonces en el país. No importa, ya pasó.
Un día quedamos mudos de espanto ante un nuevo mal que acechaba al Hombre: La Encefalopatía Espongiforme Bovina. El nombre era adecuadamente tremendo, pero confuso para el gran público. De modo que se rebautizó a la enfermedad "el Mal de la Vaca Loca". Los priones (proteínas alteradas hasta convertirse en agentes patógenos) podían dejarnos el cerebro literalmente convertido en una esponja. Corríamos el riesgo de extinguirnos. Felizmente no fue tan terrible. Lo que no me acuerdo es quién quedaba impune en el país, ni qué político traicionaba a sus seguidores cambiando de bando en un relámpago. No importa, ya pasó.
Un día supimos con angustia que el Fin se acercaba. Una nueva peste, esta vez sí muy jodida, se cernía sobre los Homo Sapiens: la Gripe Aviar. Armani empezó a diseñar barbijos, y Asia se convirtió en una especie de cuco porque de ahí parecían venir los pollos que nos iban a matar a todos. Esta mutación asesina no era nueva, el primer caso registrado llevaba un siglo (Italia, 1878) pero ahora se venía con todo. Tanto es así, que sólo en Norteamérica iban a morir, se estimaba, 7.000.000 de personas. Una vez más, sin embargo, Dios fue estadounidense. En aquellas tierras expuestas a semejante peligro... no murió NADIE por la gripe gallinácea. Se me escapa en este momento qué bancos se quedaron con el dinero de los clientes, qué políticos y otros personajes públicos se llevaban el dinero al exterior, que nueva licitación se había truchado. No importa, ya pasó.
Vender un medicamento que puede tener gravísimos efectos secundarios no era fácil, y la gripe de los pollos reveló un método excelente para que se enriquecieran los fabricantes de esos medicamentos... y no sólo ellos. Así fué como apareció, poco después, la Muerte Encarnada. Esta vez sí que se iba a morir la mitad de la gente, por culpa de la gripe porcina. De esto hemos hablado bastante en la nota anterior, y de todos modos no importa, a pesar de Moyano, DÉlía, Macri, los K y toda la cría, porque ya pasó.
Según predice mi amigo el Harina, la próxima vez les tocará a las ovejas. Una nueva plaga, que podría llamarse "'úlcera lanar" o "psicosis ovina". No se asombre si comienza a ver carteles que dicen USAR PULÓVER TRAE CÁNCER u OVEJAS GO HOME. Mientras usted se dedica a criar polillas que combatan el mal, habrá policías, sacerdotes o profesores abusando de niños, el 20% del país será vendido, se entregarán los recursos naturales a los amigos de Europa y del norte, habrá despidos masivos, decretos autoritarios, chicos muertos de hambre, un presupuesto para educación del 0%, inflación, más mentiras y la sensación de que, una vez más, se cagaron en nosotros.
Y eso sí importa, porque todavía no pasó.

Tuqui desde Luján (Bs. As.)

miércoles, 19 de agosto de 2009

El miedo, la gripe

Postulo lo siguiente: lo fundamental en el tema de la gripe AH1N1 es el gran negocio. De los laboratorios y de los apovechadores de siempre. De los que venden el Tamiflú y de loss que venden barbijos en los semáforos, como si estuvieran haciendo malabares con nuestra salud o limpiando de virus l parabrisas.
La gripe, en cualquiera de sus variantes conocidas, ha matado gente cada año. Miles de personas sólo en este país. No olvidemos la gripe aviar, que se anunciaba como la nueva enfermedad asesina y... bueno, al final no fue tan grave.
La gripe porcina, como llamamos a la actual mutación, no es ni más ni menos que eso: una gripe. No es necesariamente mortal, y por cierto que no es más letal que la
gripe española, que mató entre 50 y 100 millones de personas a principios del siglo XX.
Sabemos que se contagia por las mucosas, por los ojos, la nariz y la boca. Usar barbijo y no usar un antifaz ciego parece una medida inútil. También lo es no tocar a otras personas, si consideramos que el virus puede sobrevivir diez horas en el picaporte de una puerta. Estar a menos de un metro de otro ser humano es estar en riesgo. El hacinamiento en los medios de transporte torna inútil cualquier medida preventiva para una enorme parte de la población.
El "milagroso" Oseltamivir (Tamiflu) no es la panacea universal, es sólo otro negocio de los laboratorios Roche, aunque no el único. La falta de medicamentos genéricos (más baratos, más al alcance de los que menos tienen) es parte de ese negocio y no importa cuántos mueran. El interés de los noticieros y del gobierno -el riesgo de contagio recién empezó a ser tenido en cuenta después de las elecciones(*)- es parte del mismo negocio.
No están interesados -ni los medios, ni el gobierno, ni los laboratorios- en mantener el tema dentro de límites razonables. A los medios les convienen la muerte y el pánico por cuestiones de rating, a los laboratorios por cuestiones de dinero, al gobierno para llenarnos la cabeza de Gripe A y distraernos de otras cuwstiones, como la "inversión" del dinero de los jubilados en la quebrada General Motors, o la explotación de minas a cielo abierto, lo que no sólo sirve para esquilmar los recursos minerales del país sino también para envenenar el ambiente.
La Humanidad sobrevive. a pesar de la Peste Negra, la Fiebre Amarilla, el Cáncer, el Sida.
¿Sobrevivirá a la caterva de inmorales que nos conduce por el sendero del terror hacia la esclavitud remunerada?

(*) Pedieron los Kircner pero, para usar una metáfora popular acorde con el tono de esta nota, tal vez sea peor el remedio que la enfermedad.

Tuqui
con barbijo y guantes quirúrgicos
escondido en elgún rincón de Buenos Aires
para que el virus no lo encuentre

martes, 2 de diciembre de 2008

El Cero, el Uno

A lo largo de la Historia se han ensayado muchas definiciones para explicar qué es un ser humano. “El único animal que ríe” –relegando a la pobre hiena, que también lo hace de algún modo-, “el único animal que tiene la capacidad de simbolizar” (Ernst Cassirer, Antropología filosófica), “el animal que más tiempo resiste sin pensar” (El Perich, humorista catalán), etc. Propongo ahora la siguiente:
El hombre es el único animal que se complica la vida hasta que muere.
Para explicarme mejor, desempolvaré algunos recuerdos de mis épocas de estudiante. Por ejemplo, los principios básicos de la Lógica Aristotélica: El principio de identidad (toda cosa es igual a sí misma), el principio de no contradicción (toda cosa no puede ser “algo” y al mismo tiempo no serlo) y el principio del tercero excluído (Una cosa es “algo” o no lo es, y no existe una tercera posibilidad). Si unimos esto al maravilloso sistema binario consagrado por Leibnitz, llegaremos a interesantes conclusiones.
El sistema binario es, básicamente, una manera de representar los números utilizando sólo el uno y el cero. De este modo, el cero será 0, el uno será 1, el dos será 10, el tres será 11, el cuatro será 100 y así sucesivamente. Si el lector desconoce el tema y siente que le empieza a doler la cabeza, continúe que vale la pena.
Podríamos decir que cero es igual a apagado y uno es igual a encendido. Toda la informática es, desde el vamos, una combinación de encendidos y apagados. Sí señor, lamento desilusionar a los jóvenes ávidos de determinadas imágenes: todas esas mujeres desnudas en la pantalla de su computadora no son más que ceros y unos sucediéndose armoniosamente.
Y, si uno lo piensa un poco, el Universo entero puede concebirse como una trama de ceros y unos, evitando mayores complicaciones. Fíjese usted que las cosas realmente importantes de la vida se corresponden con el sistema binario. Sin ir más lejos, nadie puede estar ligeramente embarazada, o más o menos muerto. Tampoco nos referimos a un bebé diciendo “nació pero todavía no”.
Cero o uno, sí o no, bien o mal, blanco o negro, verdadero o falso. Basta con estas disyunciones para definir y comprender el mundo. No olvidemos que el 0 es cero y el 1 es uno, pero el 17 es una suma de unos.
La invención del 0 se atribuye, según los distintos autores, a los babilonios, a los mayas o a los árabes. Si éste fuera el caso, tal vez el cero haya sido la respuesta del fundamentalismo musulmán a un 1 que se multiplicaba impunemente.
Toda la gama de grises entre el blanco y el negro no son más que un terreno difuso sobre el que el hombre va pincelando sus políticas, sus mentiras, sus crímenes, beatitudes, aciertos, intuiciones, etc.
En lo social, también conviene tener en cuenta estos conceptos. Mis vaqueros rotos y mis zapatillas gastadas me diferencian del pulcro gerente trajeado de cualquier comercio. Sin embargo, es muy posible que tanto él como yo busquemos el modo de construir un mundo mejor para todos. Así dividimos el mundo, desde la esencia de cada uno. La población mundial está claramente separada entre nosotros y los otros. Que la idolatría de lo material y la enfermedad del consumismo no nos hagan perder de vista que la importante no es la ropa que cambiamos día a día, sino la camiseta que, debajo de ella, indica para cuál de los dos equipos jugamos.
Tuqui, desde Santa Rosa de Calamuchita

miércoles, 15 de octubre de 2008

Un cuadro, un mapa


No es inusual que la comprensión de la realidad circundante se nos escape. La literatura, la pintura y el cine, asociadas a la propia imaginación e inteligencia, nos permiten entenderla de otro modo o, mejor dicho, entenderla desde otro ángulo. Pongamos por caso el cuadro de Murillo “Niños comiendo frutas”.

Si en una recorrida artística el guía lo señalara, preguntando “A ver, ¿qué es eso?”, la gran mayoría respondería algo así como “unos niños harapiéntos comiendo melón y uvas”. Sin embargo, si se efectúa la misma pregunta habiéndolo colgado con la imagen hacia la pared, todos dirían “es un cuadro”. O “cuatro maderas con un lienzo”. Desde distintos puntos de vista, respuestas tan dispares como estas tres podrían ser, a la vez, verdaderas.

La situación en que vivimos es, claramente, de difícil comprensión. Tomando personas al azar y trasladándonos al ejemplo ofrecido, escucharíamos cosas como…

…Eso es el dibujo de una forma irregular pintada de verde rodeada de otras formas de características similares… Eso es un mapa… Eso es un país… Eso es una nación… Eso es la Argentina… Eso son unos 40 millones de personas que comparten territorio, lenguaje y ciertas tradiciones… Ése es el país que un grupo de gente autodenominada “peronistas” gobierna desde hace 20 años… Ése es el país que iban a engrandecer los radicales… Ése es el país que los militares hubiesen salvado si no es por estos montoneros que están ahora… Ése es el país que los socialistas hubiesen llevado a la cima, sólo que nunca los eligieron para gobernar… Ése es el país de Tinelli, de Pergolini, de Federico Leloir, de las Madres de Plaza de Mayo, de las viudas de los militares muertos, de Massera, Firmenich, Pérez Esquivel, Arturo Jauretche, Gardel, Borges, Soda Etéreo, Chiche Gelblung y doña Petrona C. de Gandulfo… Qué quilombo…

Habiendo tanta gente, uno trata de ubicarse en otra perspectiva desde donde pueda ver más cómodamente. Yo lo hago viajando. Y, cuando llego al ejemplo, digo…

…Eso es un montón de tipos, en su mayoría privados de la educación, que mueren de hambre en un país otrora lleno de vacas, que ahora las van matando (como se matan entre ellos) de jovencitas, tal vez para evitar que las vacas también mueran de hambre… Eso es un barrio privado de gente que vive en otro hemisferio y se compró unos miles de hectáreas para quedarse con el agua y los terrenos fértiles... Ése es el país de los peores traidores encaramados en las ramas más altas de los árboles, creyendo que a ellos no los tocará el Tsunami cuando arrase con todo… Ése es el país donde un conductor de televisión tiene más poder que los descendientes de los dueños originales de las tierras...

Deprimido, me acerco un poco más, y digo…

Pucha… mirá, ése es el país del señor que tiene la Agencia de Quiniela en la esquina aunque pudo ser estafador y millonario, del que se levanta a las 3 de la mañana para empezar a buscar un trabajo, del que estudió 10 años y ahora hace neurocirugías gratuitas a quienes no pueden pagarlas, del Gallego, que me fía sin saber si voy a poder pagarle, de Carlitos, manejando el remís día tras día para que a su familia no le falte nada y su hija consiga el título universitario, de Pedro Nadie poniéndole el lomo a la vida sin vergüenza de haber sido nombrado por un tipo que cantaba “Manso y tranquilo” en un país con 30.000 desaparecidos…

Y mirá vos, resulta que este país está, también, lleno de gente trabajadora y decente.

Qué suerte bendita la mía, que voy de raíz en raíz, conociendo héroes, en vez de subir a las ramas más altas.

Porque ahí es donde primero irán los buitres en busca de carroña.
Tuqui, desde Santa Rosa de Calamuchita

Los Judíos, los musulmanes

La cuestión empezó hace muchísimo tiempo. Si nos detenemos en la Biblia (Génesis, capítulo 15 y siguientes), veremos la siguiente historia.

Abram era ya un hombre mayor y no había tenido descendencia. Es decir, no tenía heredero. Por ello Sara, su esposa, que tampoco era ninguna doncella y ya tenía arrugas en las arrugas, lo envió a tomarse unos copetines y pernoctar con Agar, su joven esclava egipcia. Los agnósticos suponemos que ahí fue donde Abram empezó a darle las gracias a Dios. El relato dice que, pese a ser un octagenario, consiguió embarazar a la esclava. El Señor decidió también que Abram (“padre excelso”) no era ya un nombre adecuado, y se lo cambió por “Abraham” (“padre de muchedumbres”, “padre de naciones”).

Pero Sara no se llevaba bien con la esclava. Ella creía ver que su sierva embarazada la miraba dándose aires de superioridad. Así que le fue con reclamos a Abraham quien, desentendiéndose del asunto, le dijo más o menos: “Mirá vieja, no vamos a andar discutiendo por pavadas a esta altura del partido; Agar es tu esclava, así que hacé lo que mejor te parezca”. En consecuencia Sara maltrató a la joven, que huyó de la casa. Poco después, en una esquina del desierto, se encontraría con Jehová, quien no necesitó mucho para hacerla retornar mansita junto al matrimonio, sometiéndose a los designios de Sara.

El hijo de Agar y Abraham se llamó Ismael (en hebreo “Dios ha escuchado”). Abraham tenía por entonces 86 años y con seguridad una sonrisa imborrable le cruzaba el rostro.

Para colmo de males, unos años después la cosa se complicó. Dios le había advertido a Sara que también tendría un hijo, aunque tanto ella como Abraham iban acercándose a la senectud (él llegaba a los cien años y ella tenía ochenta). Además, con bastante elegancia, la Biblia nos informa que “a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres”. No sé si me explico.

Sara se rió porque el asunto le parecía ridículo (es comprensible), pero la risa nunca sirvió como anticonceptivo, y menos estando Él de por medio. De modo que finalmente Sara tuvo, en efecto, un hijo de Abraham, a quien llamaron Isaac. Este nombre le recordaría a la anciana aquella risa desafiante, ya que en hebreo significa “persona que ríe”.

Según se nos cuenta, ya nacido Isaac, Sara volvió a interrumpir a Abraham que leía tranquilamente el diario de derecha a izquierda y le dijo:

“Echa a esta sierva y a su hijo; que el hijo de esta sierva no ha de heredar con mi hijo, con Isaac”(Génesis, 21:10).

Abraham, decidido a no buscarse problemas después de vivir un siglo, accedió al pedido de Sara.

Más allá de que Dios no parece en ningún momento preocuparse por la existencia de la esclavitud ni por el futuro de los menores involucrados, el resentimiento entre Sara y Agar no se acabaría en un par de capítulos, sino que iría profundizándose a través de las generaciones.

De este modo empezó la guerra atroz entre judíos y musulmanes.

Así como la prohibición de comer cerdo suena ridícula en tiempos en que la triquinosis ha sido superada, sería bueno que uno y otro bando buscaran una postura conciliatoria, en vez de persistir en una historia de Capuletos y Montescos que ha matado –y sigue matando- miles de inocentes. Tal vez el Dios de ambas partes sonreiría contento y aliviado.

Tuqui

desde Santa Rosa de Calamuchita



martes, 30 de septiembre de 2008

Delitos intolerables, delitos permisibles


Cada tanto reaparecen las ásperas discusiones sobre si el aborto debe seguir siendo considerado un crimen o no. Por ahora no hay dudas de que se trata de un delito, dado que aparece específicamente tipificado en el Código Penal (artículos 85 a 88). Su desincriminación es materia de interminables discusiones, básicamente enfrentadas por la definición de “ser vivo”. Hay quien dice: “desde el momento en que el espermatozoide fecunda al óvulo, hablamos de que se ha concebido un NIÑO”. En el otro extremo, los argumentos son del tipo “pisar una semilla no es lo mismo que talar un árbol”. Hay consideraciones jurídicas, sociales, sanitarias, morales, etc. que abren todo un abanico de matices. Asumir una postura sobre un tema tan delicado requiere, por lo tanto, argumentaciones mayores, imposibles de desarrollar en una columna como ésta. Además no es mi intención ponerme a explicar si estoy a favor o en contra del aborto, ni por qué. Lo que me interesa es revisar cierta actitud, concretamente la de la Iglesia Católica. La férrea defensa del antiabortismo apareció hace un par de semanas a través de los dichos del cardenal Bergoglio. Y uno de sus argumentos, el que me motivó a escribir la presente, fue “estaríamos matando a los niños antes de que nazcan, y ése es el peor de los crímenes”.
Me permito recordarle al señor cardenal que, en la inmensa mayoría de los casos, los niños nacen. Y crecen. Y muchos de esos niños son víctimas de abusos sexuales por parte de los “camaradas” del seguramente bienintencionado clérigo. Entre 1950 y 2002, sólo en los Estados Unidos, más de 10.000 chicos sufrieron abusos a manos de sacerdotes católicos. 4.300 (sí, cuatro mil trescientos) curas fueron acusados de delitos sexuales contra menores. La Iglesia, claro, habla de casos aislados. Como el de Storni, ex arzobispo de Santa Fe “castigado” con una jubilación de privilegio. O como el del cura Julio Grassi, que todos conocemos.
Los encargados de velar por las ovejas son, en muchos casos, lobos disfrazados. ¿Por qué el silencio del clero con respecto a este tema? ¿Por qué no hacen discursos encendidos sobre esos degenerados, ya que tanto les preocupan otros delitos, como el aborto? ¿O es que hay crímenes que pueden ser tolerados cuando son perpetrados por alguien que lleva sotana?
Es fácil vociferar desde el púlpito y usar la fe como escudo cuando se trata de desacreditar posiciones adversas. Y no debiera ser difícil usar el mismo entusiasmo y la misma vehemencia para condenar públicamente a quienes, encargados de vigilar nuestra moral, se aprovechan de los inocentes para satisfacer sus instintos malsanos.
Hace años que espero una conducta ejemplar y coherente de algún miembro de la Iglesia, pero espero en vano. Los falsos ministros de Dios, los que se llenan la boca domingo a domingo con la Palabra Divina, son incapaces de articular sonido alguno para rebelarse contra la ignominia de mancillar a un inocente.
Sepa Dios, si es que existe, perdonarlos en su infinita misericordia. Porque lo que es yo, por más que lo intento, no puedo.

Tuqui

desde Sta Rosa de Calamuchita

domingo, 21 de septiembre de 2008

Dos sentencias, una condena


El 28 de agosto de 2008 el país entero supo que los límites al castigo de genocidas uniformados -antes eximidos- se había corrido. El asesino (RE) Antonio Domingo Bussi y su colega Luciano Benjamín Menéndez vieron recompensado su accionar con sendas cadenas perpetuas. Los partidarios de sus políticas, por supuesto, lo consideraron injusto. Corearon vítores y cánticos de alabanza cuando los engendros abandonaron el tribunal. “Bussi, querido, el pueblo está contigo”. Dispénsenme señores, tengo pasaporte argentino y no estoy con ninguno de ambos.
Cuando se supo que el tribunal concedía la prisión domiciliaria al ex Emperador de Tucumán, los opositores estallaron.
Es curioso, la mayoría de los que estaban allí apenas habían nacido (o ni siquiera eso) cuando llegó la democracia. Los jóvenes reaccionaron con violencia y recorrieron la amplia gama de epítetos que va desde “asesino” a “hijo de puta” con indeclinable fervor. Reaccionaron de esa manera indignados por el “favor” que el tribunal hacía al ex general. Para ellos era injusto, aunque no parece una reacción apropiada el uso de palos y piedras para mostrar el desacuerdo. Otra vez, la intolerancia. Como cuando la videlista Elena Cruz –con más de 70 años- fue golpeada en la calle por quienes no aceptaban su manera de pensar, y encontraron en la violencia una manera de parecerse a quienes repudiaban.
Bussi y Menéndez recibieron su sentencia, pero los argentinos padecemos siempre la misma condena: la obligación de tener la razón, no importa el tema del que se trate. No importa la verdad, aunque valores fundamentales como el Uno, la Justicia, la Verdad y el Bien, sean para la filosofía una misma cosa. La intolerancia es la forma en que manifestamos, en general, nuestra propia manera de pensar. Los que vivaban a Bussi no creen en la justicia. Los que se oponen a Bussi tampoco.
¿Por qué podría suceder esto?
Podría explicarse a través de otro hecho resonante de los últimos días: las revelaciones, avaladas con audios y pruebas documentales, que hizo la madre de Alan Schlenker (hincha de River acusado por el homicidio de Gonzalo Acro). Según estos testimonios, se prueba que los abogados están “prendidos”, que hay un “me llevo” para un juez corrupto, que los propios defensores de Schlenker traicionaron a su cliente.
Con tanto asalto no resuelto a Bancos y camiones blindados cuando llega la campaña electoral, me pongo a recordar que Néstor Kirchner estaba siendo investigado por enriquecimiento ilícito y...
¿Saben qué? No tiro piedras ni pego palos. Pero yo tampoco creo en la justicia de este país manejado por tres poderes rebosantes de corruptos. “Menos mal que yo no tengo nada que ver”, me digo, mientras sigo lamentándome porque esa chica tan linda, que patinaba tan bien, fue sentenciada por culpa de Sofovich...
¿Me alcanzás otro Estupidol, Inés, que estoy empezando a pensar y me duele la cabeza?

Tuqui

desde Santa Rosa de Calamuchita

miércoles, 17 de septiembre de 2008

La herramienta, el usuario


Las herramientas no son buenas o malas en sí mismas. Es el uso que se haga de ellas lo que puede valorarse moralmente. Una llave cruz, que ajusta con perfección exquisita la tuerca apropiada, tiene efectos perniciosos sobre un parabrisas cuando es arrojada desde 30 metros.
Los problemas aparecen, por lo general, cuando la herramienta es utilizada con fines para los que no fue creada. El ejemplo anterior es suficiente. Sin embargo, las posibilidades de la palabra como vehículo de comunicación son infinitas.
Los últimos días de julio de 2008 una noticia conmovió al país: el cuádruple homicidio de Campana. Un matrimonio y sus dos hijos muertos a golpes, víctimas de un grupo de personas entre los cuales se hallaba un convicto, incriminado tiempo atrás por el matrimonio occiso. Tras relatar los escabrosos detalles del suceso, un periodista de TN (TodoNoticias) agregó “Esperemos que la justicia no encuentre atenuantes en este caso”.
A primera vista uno sólo encuentra agravantes:
Fue con ensañamiento (diez golpes en el caso de los niños) y alevosía (las víctimas se hallaban maniatadas e indefensas).
Fue con el concurso premeditado de dos o más personas.
En el caso de los menores, fue para ocultar otro delito, ya que los chicos conocían a los delincuentes y podían identificarlos.
Todos estos supuestos están contemplados en el Código Penal, lo que sumado a la reincidencia de los criminales hace esperar una condena mayor. Que sea de cumplimiento efectivo o no, ya es otra cosa.
Cuando a un violador le dan quince años, pero sale en tres, la parte jurídica se me complica un poco. Me pierdo en los vericuetos desconocidos del Derecho Procesal. Cuando lo capturan por reincidir y recién entonces nos enteramos de que estaba libre, empiezo a tener problemas con el asunto de las Comunicaciones.
Se advierte a la población que Natalia Fassi bailó como el culo en lo de Tinelli. Pero si un violador está caminando por las mismas calles que sus hijos, la verdad, no lo sabemos, no preguntamos, no interesa.
Ya me estoy yendo por las ramas. Lo que quería decir es que la palabra, esa hermosa herramienta que el hombre ha inventado y desarrolla para embellecer el arte de comunicarse con sus semejantes, puede estar muy afilada. Y hay que estar atento para saber dónde se halla el filo.
Vuelvo al periodista:
ES DE ESPERAR QUE LA JUSTICIA NO ENCUENTRE ATENUANTES EN ESTE CASO.
Claro que, si aparecieran atenuantes, sería mucho peor que la justicia los ignorase, con lo que no habría Justicia.
Pareciera que lo que el señor quiere es venganza, y no. Pienso quiere lo mismo que todos nosotros.
A veces las circunstancias –conducir un noticiero, sin ir más lejos- obligan a guardar ciertas formas, e impiden que uno use las palabras justas para decir lo que quiere decir.
Entonces debe callar, o expresarse de manera elíptica. El discurso queda, así, librado a la interpretación de los otros. Creo que le hubiese gustado decir “esperemos que no se inventen atenuantes, que no haya incompetentes, que no haya negligencia, que no intervengan funcionarios corruptos, que no los larguen a los dos años, que no hagan dibujitos y firuletes para dejar sueltos a esos tipos, que no pase otra vez, por favor, porque ya estamos hartos de tragarnos siempre la misma mosca”.
Ojalá muchos saquen de esas doce palabras las mismas conclusiones que saqué. Un día haremos la cuenta, veremos cuántos somos y cuánto podemos cambiar, y serán otros los que se lleven una sorpresa.

Tuqui
desde Santa Rosa de Calamuchita

Unos vienen, otros van

Ustedes ya lo habrán notado: el mundo fue invadido por los jóvenes. Y eso está bien.
Es decir, tiene su encanto contemplar con tolerancia los ingenuos errores de quienes nos pisan los talones, y a veces es reconfortante mover un poquito el manubrio para enderezarles la bicicleta, hasta que podamos sacarle las rueditas de soporte. De eso parece tratarse la vida. Una lenta pero continua despedida a los mayores, una algo más veloz y también continua bienvenida a los que nacen, educándonos unos a otros sin saber demasiado bien si estamos haciendo lo correcto.
Parte de los "recién llegados" son los hijos, los nietos, la prole de los amigos y parientes de edad madura. El cambio se nota especialmente en las fiestas, cuando cruzamos -a veces sin darnos cuenta- miradas que preguntan cómo fue que la casa se llenó de gente nueva, qué sentirán los chicos cuando les toque llenar nuestros asientos, dónde habrán ido los sueños y los pensamientos de los que ocupaban este lugar hace treinta o cuarenta años. Pasado el primer susto al descubrir la propia mortalidad –y siempre que uno haya disfrutado la vida- aparece una sensación de curiosidad. Más de una vez reflexiono sobre cuál podría ser el objetivo del ser humano, a qué conduce esta cadena de vidas, generación tras generación.
Los ruidos también son otros, y con toda seguridad sonarían extraños en los oídos de los jóvenes que fuimos. Los gritos de gol y las rodillas peladas yacen bajo capa tras capa de asfalto indiferente, y los canales de TV que se contaban con los dedos de una mano han sido capturados: la araña tecnológica tejió su tela de cables enmarañados aquí arriba, justo donde la luz de mercurio fue una novedad hace mil años.
Cada tanto, sin embargo, un acontecimiento trascendente se produce. Trascendente para nosotros. Una especie de burbuja del tiempo donde creemos recordar exactamente cómo nos sentíamos hace años. Puede ser una palabra o expresión caídas en desuso y escuchadas al pasar -"petitero", "lechuguino", "arrastrar el ala", "farabute", "isolina la corvina"-. Puede ser una melodía -Horacio Aschieri cantando "La promesa" Sandro con "Porque yo te amo" o Sinatra haciendo “Strangers in the Night” -. Hasta puede ser un aroma de la infancia. El olor de la panadería camino al colegio, o el de los eucaliptos en el parque cuando las tardes de verano duraban cuarenta y ocho horas.
En lo personal, el cine es lo que más ayuda. Volver a ver las películas de mi infancia, El Tarzán de Johnny Weissmüller, los hermanos Marx, El primer King Kong(*), me lleva por un momento a una época de edificios más bajos, amistades más perdurables, amores que tenían más de curiosidad que de lujuria.
Como dijo Stephen King, con los años la vida pierde los colores brillantes. Quería decir que no hay nada malo en recuperarlos por el tiempo que dura una película. Hagan la prueba.


(*) El primer King Kong es de 1933. Yo no soy tan viejo, pero recién la vi a los ocho o nueve años. Y recién el año pasado me enteré de que la actriz fue la que decidió que su personaje tenía que ser una rubia, y se tiñó. Para qué me servirá saber estas cosas.

Tuqui

desde Santa Rosa de Calamuchita

(*) El primer King Kong es de 1933. Yo no soy tan viejo, pero recién la vi a los ocho o nueve años. Y recién el año pasado me enteré de que la actriz fue la que decidió que su personaje tenía que ser una rubia, y se tiñó. Para qué me servirá saber estas cosas.

martes, 2 de septiembre de 2008

Lo inamovible, lo indetenible

Para algunas personas todo lo que sea nuevo parece malo o desagradable. Esto se aplica a infinidad de cosas. A principios del siglo pasado que una mujer estudiase medicina no era bien visto por todos, y que se especializara en urología era impensable. El twist fue resistido al principio por quienes decían que los blancos no debían bailar música de negros. Me incluyo entre quienes al comprar su primera computadora personal bailaron la danza de la lluvia alrededor del monitor para evitar que al encenderlo les robara el alma. Las mujeres, hace un tiempo, no debían fumar por la calle. Ni hablar de las opiniones, prácticas y libertades en torno al sexo aparecidas en las últimas décadas. Pasa con las nuevas tendencias musicales, con las vestimentas de moda y, fundamentalmente, con las opiniones de los jóvenes. Por ello se trata de “domarlos” o “adiestrarlos” desde el entorno familiar y el sistema educativo.
En su ensayo “Psicopatología del Vínculo Profesor-Alumno” Rodolfo Bohoslavsky explica con claridad meridiana como se produce este intento de adaptación desde el comienzo de la escuela: El sistema es gerontocrático (los mayores mandan, los viejos siempre saben más, el profesor debe proteger al alumno de cometer errores, el profesor puede juzgar tanto al alumno como a la legitimidad de sus intereses), maniqueísta (basado en los conceptos del filósofo persa Manes, quien sostenía que hay cosas absolutamente malas y absolutamente buenas, prescindiendo de la voluntad humana) y conservador.
Ahí llegué donde quería llegar: ¿Por qué conservador?
Porque los programas de estudios se mantienen inalterables a través del tiempo, con pequeñas modificaciones anodinas. A fines de los años 70, cuando ya la informática empezaba a extenderse por el mundo, cuando la televisión color nos asombraba con un pequeño cine en nuestra propia casa, el invento más reciente que se estudiaba en los colegios secundarios era… la radio. Recordemos que el primer satélite de comunicaciones, el Telstar, estaba en órbita desde 1962. Cada tanto se lleva a cabo la parodia de un Congreso Pedagógico, se habla mucho, se permiten algunos cambios a condición de haberles “podado” la esencia misma de ese cambio, y luego todos miran hacia las instituciones religiosas que asentirán gravemente con la cabeza.
Ahora me pregunto: ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué cuesta tanto aceptar que algunas cosas van quedando en el pasado para ser reemplazadas por otras nuevas, a veces mejores?
Y dado que estoy solo con el mate y la pava me contesto yo mismo: ha de ser la fantasía de inmortalidad del resentido. La conocida frase “aquí sí que no ha pasado el tiempo”. El patético ejemplo de mujeres que han sido hermosas y que ahora, varios procedimientos quirúrgicos después, parecen un cardumen de globos ubicados en lugares antinaturales, de tamaños inexplicables, presididos por una serie de rasgos semihumanos, una mezcla abominable entre Michael Jackson y un surubí.
Si nada cambia, el tiempo no pasa. Si el tiempo no pasa, no envejezco. Si no envejezco, no me voy a morir nunca. El razonamiento puede parecer raro, pero más raro es ver a un varón alquilando “Los Puentes de Madison”, y a veces pasa.
Y todo esto se me ocurrió por un cóctel. Estaba en una confitería de Santa Rosa de Calamuchita, acompañado. A uno de los presentes se le ocurrió pedir un cóctel que contuviera su bebida preferida: cerveza. Uno, que –mal que mal- alguna vez ha probado bebidas alcohólicas, tendería a pensar en un resultado híbrido de gusto chocante. Para mi sorpresa, tuve oportunidad de probar uno de los tragos más originales y apetecibles que conocí hasta ahora, producto del talento y el ingenio de un muchacho llamado Emilio. Cerveza, Ron blanco, Curazao azul, Durazno, Kiwi, Ananá. Tal vez después del cuarto o quinto empecé a pensar en el asunto éste de los conservadores y los jóvenes. Hace 40 años el barman era un empleado sumiso cuya creatividad, a los ojos del patrón, podía constituir casi un rasgo de comunismo. Y tras ese simple cóctel empecé a lamentarme por la cantidad de cosas de la más variada importancia que la sociedad ha visto quedar postergadas merced a la voluntad de quienes, cuando éramos jóvenes, nos querían meter a la fuerza en la caja de su cuadratura. Pero ustedes ya saben, a mí me encanta lamentarme. Después voy a lo de Emilio a tomar algo y se me pasa.
Tuqui
desde Santa Rosa de Calamuchita.

martes, 12 de agosto de 2008

Marihuana no, alcohol sí


Las convenciones sociales imponen restricciones al consumo de determinadas sustancias, naturales o químicas, llamadas genéricamente “drogas”. En algunos casos la ley prohibe directamente su utilización en cualquier caso o circunstancia. Para otras, el límite está dado por una receta médica o el alcanzar cierta edad. Para un tercer grupo, sólo se obliga a expenderlas en determinado tipo de comercios. Dentro de las primeras se hallan la marihuana, la cocaína, el ácido lisérgico y la nueva mimada de los traficantes, el “paco”. En el segundo grupo están la clorpromazina y el diazepán (drogas patrón de los tranquilizantes mayores y menores, respectivamente) y el alcohol. En tercer lugar, podemos citar el ácido acetilsalicílico (la “aspirina”) y el tabaco.
¿No es llamativo que esta clasificación no contemple todos los perjuicios que cada sustancia ocasiona al propio consumidor y/o a terceros? ¿O que no lo contemple en absoluto?
Los abusos en el consumo de píldoras son moneda corriente en el mundo de hoy, y los lavajes de estómago a personas que han consumido psicofármacos en exceso se cuentan por miles. Sin embargo, aunque 50 pastillas para dormir no necesariamente matan a alguien, es tan peligrosa su ingesta como la de 50 aspirinas. Ahora bien, usted puede comprar la cantidad de aspirinas que desee, a cualquier edad, a cualquier hora y hasta en los kioscos. Pero eso no es lo más preocupante. Lo realmente perturbador es que la gente que no puede dormir sin un tranquilizante y un par de whiskies es vista compasivamente, mientras que el joven al que se le encuentra un “porro” será estigmatizado en familia y en sociedad. ¿Por qué podría suceder esto?
El THC (tetrahidrocanabinol), principio activo de la marihuana, no es ni de lejos tan nocivo como el alcaloide llamado “nicotina” (C10H14N2). En el humo del cigarrillo hay más de 300 compuestos cancerígenos que en el humo de la marihuana, simplemente, no están. La nicotina es cinco veces más adictiva que la cocaína, y sin embargo el benemérito Ministerio de Salud sigue permitiendo su comercialización, lavando su conciencia con una advertencia estúpida e inútil en cada paquete de cigarrillos: “El fumar es perjudicial para la salud”. Chocolate por la noticia. ¿Por qué no autorizan entonces la venta de cocaína en sobrecitos que digan “Tomarse un saque de más puede hacerle perder su trabajo, su familia y todo lo que usted disfruta”? Ni hablar del alcohol. En 5.000 años, la marihuana, hasta donde indagué, no ha provocado ningún muerto. Ciertamente que ni un fallecimiento por sobredosis, ya que tal cosa es imposible. La gente que fuma marihuana suele reir tontamente, querer a todo el mundo, alcanzar cierta paz interior, comer como un caballo e irse a dormir. Pero semanalmente nos enteramos de que un borracho atropelló a un niño, o golpeó a su mujer embarazada, o degolló a su cuñado con un plato roto por una discusión sobre fútbol.
Nótese que ni quise rozar los beneficios medicinales de la marihuana, que ni el alcohol ni el tabaco igualan. ¿Mi opinión? Si prohibimos las drogas, prohibamos o reglamentemos el uso de “todas” las drogas. La venta de tabaco engrosa al fisco, ya que el 90 por ciento de su precio está integrado por impuestos (otra perversidad: las provincias que producen tabaco son las que menos coparticipación reciben). Así que olvidemos la fantasía de que una de las metástasis del poder (en este caso el Ministerio de Salud) lo prohiba.
En cuanto al alcohol, no hace falta más que una o dos botellas para ser convencido de que un pedazo de yeso sangra, o de que la milanesa tiene la cara de la Virgen. Divinizar una droga tan nefasta, en estos tiempos, es inconcebible. No importa cuanto embrutezca o intensifique la ignorancia, mientras sea consagrado en un rito por la religión mayoritaria la gente seguirá bebiendo… y creyendo. Hay que preguntarse a quién benefician estas “libertades” para matarse o matar a largo plazo. Hay que clasificar seriamente las drogas peligrosas sin payasadas como publicitar el consumo de alcohol y prohibir cosas menos perniciosas. Y, en lo personal, también me pregunto: Si en vez de tomar vino en misa los curas se fumaran un porro, ¿el mundo no andaría mejor?

Tuqui

desde Venado Tuerto

jueves, 7 de agosto de 2008

Preguntas ridículas, respuestas absurdas

En una vieja nota, escrita por el mercedino Hernán Casciari, un tipo está completamente atrapado frente al televisor por un partido de fútbol. La esposa, ansiosa de “compartir”, pregunta:
-Querido, ¿qué es el off side?
-Un repelente nuevo que sacó Bayer –contesta él.
Es cierto que para para formular una pregunta hay que conocer parte de la respuesta. Pero, en el otro extremo, está la pregunta ridícula. Innecesaria. La que se formula cuando el inquisidor conoce cabalmente la totalidad de la respuesta. Las personas aficionadas a ese tipo de requerimientos pueden ser francamente graciosas. Sobre todo porque nos habilitan para dar cualquier respuesta por la misma vacuidad de la pregunta.
Hace poco, impresionado por una noticia que había visto en el informativo de mediodía, comenté a mi amigo venadense conocido como “el Rata”:
-¿Viste qué increíble? Ocho perros mataron a una mujer.
Inmediatamente preguntó:
-¿Sí? ¿Y cómo la mataron?
-La ametrallaron –contesté, poniendo de manifiesto lo innecesario de la pregunta de manera tal que todos terminamos riendo.
Entonces empecé a pensar en cuántas de esas cosas se escuchan a diario, y qué gran oportunidad representan para dar rienda suelta a la imaginación, la ironía, el sarcasmo y otros recursos indispensables para la comunicación cotidiana. Veamos ejemplos.
Usted está en una reunión, en pleno invierno, en casa ajena. Entrada la noche, usted se pone el pulóver, la campera, los guantes, la bufanda y el gorro de lana, se acerca a la dueña de casa, le da un beso y le dice “chau”. Ella pregunta:
-¿Te vas?
Respuesta posible: No, estoy ensayando para cuando me vaya.
Usted está hablando sobre determinada persona durante cuarenta y cinco minutos, sobre su domicilio, sus hábitos alimentarios, el color de su ropa interior, su número telefónico, su familia, código postal y la frecuencia con que se cepilla los dientes. Cuando concluye alguien pregunta:
-¿Lo conocés?
Respuesta posible: No. Me encargaron una biografía alternativa porque la CIA piensa reemplazarlo por un clon.
Usted está en un bar. Un compañero de mesa le pregunta:
-¿Qué hora es?
Cuando usted le dice, por ejemplo, “son las nueve y cuarto”, él podría reaccionar:
-¿¿¿Las nueve y cuarto???
Respuesta posible: No, son las once y media. Es increíble lo rápido que pasa el tiempo.
Usted va con su señora por la calle. Se encuentra con alguien que hace muchísimo tiempo que no ve. Por supuesto, hace las presentaciones del caso.
-Éste es Juan Manuel. Ésta es mi señora.
-¿Te casaste? –pregunta el tipo.
Respuesta posible: No, me creció en la espalda y cuando me la extirparon ya me había encariñado.
Si prestamos atención, veremos que preguntas de esta clase son muy, muy frecuentes, en todas las situaciones y circunstancias. Mucho más frecuentes que “¿cuál es el sentido de la vida?”, “¿existe Dios?” o “¿queda esperanza para una humanidad sin valores morales perdurables?”.
Habría que hacer un concurso de preguntas ridículas, dada la difusión del deporte de formularlas. Es probable que el ganador, al recibir el trofeo de Gran Campeón de la Pregunta al Divino Gas, pregunte asombrado:
-¿Es para mí?


Tuqui

desde Embalse (Cba)

martes, 22 de julio de 2008

Distintas edades, mismos gustos


A algunos hombres –muchos- les gustan, a lo largo de toda su vida, las mujeres de una edad determinada. Concretamente, a nadie sorprende que a un señor maduro lo atraigan las jovencitas.
Por ejemplo, hay tipos que a los quince prefieren señoritas alineadas en la franja de los 20-25 años, y siguen prefiriéndolas cuando ellos mismos llegan a los 25, a los 35, a los 45, a los 55…
Este esquema presenta distintas aristas: por ejemplo, cada vez será más difícil para el tipo conseguir que una mujer en la “edad de oro” le de bolilla. No debe haber nada más espantoso para un hombre que la intención de la frase seductora abortada por un “¿me dice la hora, señor?”. Se envejecen diez años en un segundo, una simple e inocente pregunta –curiosamente relacionada con el paso del tiempo- le hace sentir al tipo con insoportable intensidad la proximidad de la vejez. Pero, más allá de eso, sean cuales sean sus circunstancias, esa clase de hombre jamás podrá mantener una relación llevadera y pacífica con semejantes mujeres.
Cuando es más chico que ellas, no sabe qué decirles, ni a dónde invitarlas, ni cómo conseguir dinero para financiar la salida.
Cuando es de la misma edad, está demasiado ocupado con los celos, las preguntas estúpidas que todos nos hemos hecho cuando jóvenes, las primeras alertas sobre la necesidad de pensar cómo sigue la vida una vez que se ha dejado definitivamente de ser niño.
Cuando es unos años mayor, no sabe cómo adaptarse para poder compartir cosas que van dejando de interesarle, sean los grupos musicales, los gustos en materia de libros o las ganas de estar permanentemente saliendo a hacer alguna cosa que ya no importa.
Cuando el hombre llega a los 40 ella, que como tantas jóvenes disfrutaría la compañía de un hombre maduro, se encuentra ejercitando la paciencia junto a un engendro que va y vuelve entre los 40 y los 17 con una liviandad irritante: El tipo le abre las puertas para que pase primero, le cede el lado de la pared, le da consejos y después, dependiendo de sus gustos o su posición económica, se gasta 120.000 dólares en un convertible rojo, o se tira de cabeza desde un escenario hacia el público, o se empeña en seducir a todas sus amigas, especialmente a las que son más jóvenes que ella.
Los cincuenta marcan el principio de la era del terror: uno quiere dormir o ver televisión cuando ella quiere salir a cenar, cuando ella quiere ir al cine, cuando ella quiere cualquiera otra cosa que no sea dormir o ver televisión (excepto el sexo). No entiende su vocabulario, no entiende la elección de sus ídolos, no entiende, en definitiva, nada de nada.
Al ser despertado a las tres de la mañana (como si fuese lo más normal del mundo) con objeto de mantener una conversación que nunca sabrá de qué se trata, la mira mientras ella habla -con expresión de estar interesado en lo que dice- mientras se afana buscando sigilosamente un picahielos debajo de la cama. Inútil intentar compartir lo gracioso del momento: probablemente ella no haya visto esa película.
Y así, el hombre enamorado se da cuenta de que ya pasó demasiado tiempo, que convivir con esa mujer que ama y siempre amó y amará sería un ejercicio perverso de aplicación de la tortura sobre dos personas que se quieren. Entonces llega el momento de separarse, y seguir en la locomotora a leña recorriendo un mundo surcado por trenes eléctricos. Cuando uno haya llegado solo hasta ese punto del camino, ya no podrá vivir acompañado. Sabrá que el precio de la libertad absoluta a lo largo de toda la vida es morir sin compañía.
Porque él, a esa edad, ya no cambiará. No le gustarán otras mujeres, ya sean más jóvenes o mayores.
Seguirá solo, con sus manías, enamorándose de lo imposible (qué destino cruel que eso sea lo mismo que amó siempre) odiando el café con leche y esperando la oportunidad de cometer el próximo error.


Tuqui
desde Santa Rosa de Calamuchita